Mas luneros:

Tengo malas compañías porque sois mis preferidas;

Dale un pájaro a un niño y será de esos niños raros que llevan un pájaro al hombro, pero dale alas y echará a volar.

El otro día mi profesora de lengua se puso a ojear mi una redacción que nos mandaron como deberes, después de leerla me dijo algo así como "Niña, con lo bien que te expresas tienes que empezar a escribir en algún sitio y que la gente lo vea. Así, más adelante podrás dedicarte a escribir como profesión, y no como pasatiempo."  El caso es que después de que me dijera eso llegué a la conclusión de que tenía razón, y así es como me he metido en el lío de crear Trocito de rock and roll, donde aún no sé muy bien de qué voy a hablar. Lo único que sé es que me apasionan las palabras y la música más que cualquier otra cosa, y que el periodismo no es una profesión que se vaya a aprender en cuatro años de universidad. Es una vocación, algo que te corre por las venas desde el minuto uno. "si, yo también voy a tirar mi futuro por la borda". Salen periodistas de debajo de las piedras, pero dentro de ellos están los que creen serlo, los que lo son para pagar el alquiler (o intentarlo) y los que aman su profesión. Los últimos son los únicos que valen en este mundo. Un mundo del que yo sé un poco de todo, y mucho de nada. 
Aunque es cierto eso de que las palabras se las lleva el viento (y yo también soy más partidaria de los hechos), hay palabras que salen tan de dentro, tan del fondo del alma, que ni un tornado podría moverlas. Eso es lo que le pasa a las mías, a mis palabras. Están aquí, inmóviles. Esperando a ser leídas. 
Con ellas he aprendido a saltar los charcos sin empaparme los pies, porque me han dado lo que la vida no ha sabido darme, ni siquiera las personas. Mis palabras me han permitido escribir en silencio lo que mi voz no era capaz de gritar, lo que mis ojos ya no podían llorar. Y así los días fueron desahogándome cada vez un poquito más, un poquito más, hasta llegar a hoy. Al día en el que lo único que revolotea por mi cabeza son unos cuantos millones de folios que acabo de hacer el intento de memorizar. Y nada más.
Porque las palabras también me han enseñado que si los días son demasiado largos, pues se saltan de dos en dos, y punto. Y no pasa nada. Si será por días en esta vida... y si de repente la suerte nos juega una mala pasada y la nostalgia escuece más de la cuenta, existe la música, las amigas, el teléfono para llamar a mamá y, en última instancia (o primera), también existe la bebida. Que si frío, otra capa de ropa para el cuerpo. Si hambre, un bocata de jamón. ¿Dolor de cabeza insoportable? Ibuprofeno. Si duele otra cosa, pues se llora. Que tampoco pasa nada. Y ya mañana, o pasado, dejará de doler. Y así continuamos por el camino, pasitos hacia delante y de vez en cuando, de cuando en vez, también alguno hacia atrás. Que también son necesarios para avanzar. Para aprender. Y si te pasan demasiadas cosas y quieres contarlas todas a la vez. Sin prisa, con calma. Para eso existen las palabras. 
El mejor consejo que me han dado nunca, seguramente esa persona no lo sepa, y más seguramente se sorprenda al leerse aquí. Pero lo más mejor que me han dicho nunca es que escribiera para mí, y por mí. 
Y eso hice. Eso hago. 
Así que aquí intentaré que disfrutéis de mis pocos conocimientos sobre todo y, por supuesto, de mis muchos sobre nada. Y si en algún momento este blog empieza a pareceros inútil (que lo hará), siento comunicaros que no dejaré de perder mi tiempo en él. Porque si de algo estoy segura a mi corta edad y pocas experiencias en la vida, es que sino te dejas la piel por lo que quieres, nadie lo va a hacer por ti. O como dice la famosa frase de Millon Dollar Babyes la magia de arriesgarlo todo por un sueño que no ve nadie excepto tú.

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