Mas luneros:
Tengo malas compañías porque sois mis preferidas;
Dale un pájaro a un niño y será de esos niños raros que llevan un pájaro al hombro, pero dale alas y echará a volar.
A ti, en cambio, te ha tocado la mejor.
Que fuese el inicio de todo. Descubrirse vulnerables y frágiles, curiosos y dulces. Una explosión. Me siento grande. Él que me busca, viene a recogerme y me dice: “Eres mía. No me dejarás nunca. Te amo.” Y después: “¿Dónde estabas? ¿Quién era ese? ¿Por qué no te quedas conmigo esta noche en vez de irte con tus amigas?” Y comprender que tal vez amar es otra cosa. Es sentirse ligeros y libres. Es saber que no pretendes apropiarte del corazón del otro, que no es tuyo, que no te toca por contrato. Debes merecerlo cada día. Y se lo dices. Se lo dices a él. Y eres consciente de que hay respuestas que quizá deben cambiarse. Es preciso partir para volver a encontrar el camino. Él que me mira enfadado, de pie, ante el portal. Y dice que no, que me equivoco, que somos felices juntos. Me coge por un brazo, me aprieta con fuerza. Porque cuando alguien a quien quieres se te va, intentas detenerlo con las manos, y esperas atrapar así también su corazón. Pero no es así. El corazón tiene piernas que no ves. Y él se va diciendo “Me las pagarás”, pero el amor no es una deuda a saldaar, no regala créditos, no acepta descuentos.
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